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☀️ Guía de campo · Golpe de calor en perros: qué hacer y cómo evitarlo · Dog Adventure

Guía de campo · Seguridad

Golpe de calor en perros: qué hacer ahora y cómo evitarlo cuando sales con él

🚨 Si crees que tu perro está sufriendo un golpe de calor ahora mismo

1

Sácalo del calor.

Llévalo a la sombra, a un interior fresco o a un coche con aire acondicionado en marcha. Deja de caminar, de jugar y de correr, aunque parezca que aún puede seguir.

2

Empieza a enfriarlo donde estés.

No esperes a llegar a la clínica para empezar. Tienes el cómo en el bloque siguiente.

3

Llama al veterinario mientras lo enfrías.

Avisa de que vas de camino y de que estás enfriando. Si es de noche o fin de semana, busca directamente urgencias 24 h.

4

Ofrécele agua fresca si está consciente y bebe por sí solo.

No le fuerces a beber ni le viertas agua en la boca si está desorientado, vomitando o no traga bien.

5

Llévalo al veterinario aunque mejore.

Un perro puede parecer recuperado y estar desarrollando problemas en las horas siguientes. La valoración no es opcional.

Señales que exigen ir a urgencias sin pensarlo

Vómitos o diarrea (con o sin sangre), tambaleo o descoordinación, desorientación, encías muy rojas o pálidas, jadeo que no se detiene con el descanso, convulsiones, colapso o pérdida de consciencia.

Primeros minutos

Cómo enfriarlo

Lo primero que hay que tener claro: el enfriamiento empieza donde está el perro, no en la sala de espera. En un estudio de 856 perros atendidos por golpe de calor en Reino Unido, solo el 21,70 % había recibido algún tipo de enfriamiento antes de llegar a la clínica. Los que sí lo habían recibido llegaron con una temperatura media de 38,6 °C, frente a 40,9 °C en los que no (Hall et al., 2023).

Qué hacer, de forma práctica:

  • Moja el cuerpo con agua disponible de forma generosa y continuada.
  • Añade movimiento de aire: ventilador, aire acondicionado, ventanilla abierta con el coche en marcha, o simplemente un sitio con corriente.
  • Sigue enfriando durante el traslado, no solo antes de salir.

Lo que la evidencia disponible apoya es empezar a enfriar cuanto antes, y el dato que tenemos es que muchos perros no habían recibido ningún enfriamiento antes de llegar a consulta. Lo que no puede afirmarse a partir de un estudio observacional es que un método concreto sea mejor que otro, ni leer esa diferencia de temperatura al llegar como una relación de causa y efecto demostrada: describe una asociación, no una prueba.

Evidencia y límites

Agua fría, hielo y toallas mojadas: qué sabemos realmente

Es la parte donde circulan más afirmaciones tajantes en las dos direcciones, así que conviene ser preciso con lo que hay y con lo que no hay.

Agua fría

Agua fría: la prohibición absoluta no se sostiene. La idea de que el agua fría «provoca un shock» y por tanto nunca debe usarse no está respaldada por la evidencia disponible. En 115 perfiles de enfriamiento de 52 perros de canicross enfriados con agua de entre 0,1 y 15 °C no se registró hipotermia ni efectos adversos (Carter et al., 2024).

Pero ese estudio tiene un contexto concreto: son perros deportivos sanos con hipertermia después de ejercicio, en un entorno controlado, no perros con un golpe de calor grave ya instaurado. No se puede extrapolar sin más a cualquier situación.

De ese mismo estudio sale un matiz muy útil: en el 24,4 % de los perfiles la temperatura siguió aumentando durante los primeros cinco minutos después de detener el ejercicio. Parar no significa necesariamente que la temperatura empiece a bajar de inmediato.

La inmersión no es una recomendación general. Meter a un perro en agua no debe plantearse de forma indiscriminada, y desde luego no en un perro inconsciente, convulsionando, colapsado o con la vía aérea comprometida. Ahí el riesgo de aspiración y de perder el control de la situación es lo primero.

Hielo

Hielo: ni recomendación ni prohibición categórica. En el estudio de 856 casos, el hielo apareció en el 17,23 % de los enfriamientos registrados. Ese trabajo describe lo que se hizo, no compara resultados, así que no hay base para prescribirlo ni para prohibirlo.

Toallas mojadas

Toallas mojadas: el método más usado, el menos demostrado. Fueron la técnica más frecuente (51,31 % de los casos), junto con movimiento de aire (31,46 %), pulverización (23,22 %) e inmersión en agua fría (16,85 %). No hay evidencia de que sean perjudiciales, pero tampoco hay evidencia comparativa para prescribir una técnica concreta con la toalla como si fuera un protocolo.

Conclusión honesta: sabemos qué se hace, no sabemos cuál funciona mejor. Eso no es un motivo para quedarse quieto buscando el método perfecto, sino para usar el agua que tengas de forma generosa y avisar al veterinario.

Reconocerlo

Cómo se reconoce un golpe de calor

El golpe de calor no es «un perro acalorado». Es un cuadro en el que la temperatura corporal sube por encima de lo que el organismo puede compensar y empieza a haber disfunción de órganos, especialmente del sistema nervioso.

La temperatura normal de un perro está en torno a 38–39 °C. En la literatura clínica el golpe de calor se describe con temperaturas por encima de 41 °C acompañadas de alteración del sistema nervioso central —desorientación, tambaleo, estupor, convulsiones, coma— y se insiste en un punto que conviene recordar en casa: el diagnóstico no se basa solo en el número del termómetro. Un perro de deporte aclimatado puede superar los 42 °C durante el ejercicio sin desarrollar un golpe de calor (Bruchim et al., 2017).

Lo que debes vigilar, por orden de gravedad:

Primeras señales: jadeo intenso que no baja al parar, babeo espeso, busca sombra o se tumba y no quiere seguir, ritmo más lento, mirada apagada.

Señales de alarma: vómitos o diarrea, encías muy rojas o pálidas, tambaleo, descoordinación, desorientación.

Emergencia: convulsiones, colapso, pérdida de consciencia.

Después de enfriar

Por qué hay que ir al veterinario aunque parezca recuperado

Esta es probablemente la parte que más se salta la gente, y la que más importa después de enfriar.

Una temperatura que ha bajado no descarta gravedad. El diagnóstico de golpe de calor no se sostiene solo en la cifra del termómetro: un perro que ya ha empezado a enfriarse puede llegar a la clínica con una temperatura casi normal y estar igualmente en una situación seria. El daño, cuando se ha producido, no desaparece porque el número haya bajado.

El golpe de calor puede tener consecuencias que aparecen horas después. En la literatura clínica se describen alteraciones de la coagulación, daño renal agudo y afectación neurológica entre las complicaciones asociadas (Bruchim et al., 2017). No son inevitables, pero son la razón por la que este cuadro se valora y se monitoriza, y no se cierra en el momento.

Traducción práctica: que vuelva a mover el rabo, a beber y a mirarte con cara de «ya estoy» no cierra el episodio. Se enfría, se avisa y se va a valorar. La decisión de si hace falta hacer algo más la toma el veterinario con el perro delante, no tú en el coche.

Dónde ocurre de verdad

Por qué ocurre: no es solo el coche

Aquí hay un cambio de foco que merece la pena entender, porque cambia cómo prevenimos.

En el estudio poblacional más amplio disponible —Reino Unido, año 2016: 1.259 episodios en 1.222 perros, sobre 905.543 perros bajo atención veterinaria— se registró un desencadenante en 879 de esos episodios. De esos 879 episodios con desencadenante registrado, el 74,2 % estaba asociado a ejercicio o actividad física, el 12,9 % al ambiente caluroso sin ejercicio y el 5,2 % a vehículos. En el 30,2 % del total de episodios no constaba ningún desencadenante en la historia clínica (Hall et al., 2020).

De esos 879 episodios con desencadenante registrado:

74,2 %

ejercicio o actividad física

12,9 %

ambiente caluroso sin ejercicio

5,2 %

vehículos

Hay que leer ese dato con sus límites: son casos de Reino Unido, solo los que llegaron a una consulta veterinaria, y el porcentaje se calcula sobre los episodios en los que alguien apuntó la causa. No dice qué pasa en España, ni qué proporción de todos los golpes de calor del mundo ocurre haciendo ejercicio.

Pero sí apunta a algo que importa: el coche al sol no es el único escenario, y probablemente no es el principal en perros que salen al campo. Una ruta a mediodía, una pelota de más en el parque o un paseo con un buen ritmo en un día caluroso pertenecen a la categoría que más aparece en ese registro.

Perfiles de riesgo

Qué perros tienen más riesgo

Ningún perro está exento. Y conviene separar lo que un estudio ha medido de lo que la práctica clínica describe, porque no tiene el mismo peso.

Factores identificados y cuantificados en el estudio poblacional británico (Hall et al., 2020):

  • Perros braquicéfalos (hocico corto: bulldogs, carlinos, boxer…): mayor probabilidad tanto en los episodios asociados a ejercicio (OR 1,32; IC 95 % 1,10–1,60) como en los ambientales (OR 2,36). No significa que no puedan salir; significa que su margen es más estrecho y hay que ajustar la actividad a ellos, no a la media del grupo.
  • Perros de 12 años o más: mucha más probabilidad en los episodios ambientales (OR 3,15; IC 95 % 1,56–6,37).
  • El estudio también identificó varias razas con mayor probabilidad que la media de aparecer en estos episodios.

Otros factores descritos en la literatura clínica, sin cifras que podamos citar aquí: el sobrepeso, la falta de aclimatación al calor y al esfuerzo, y las enfermedades cardiacas o respiratorias previas figuran entre los factores que la literatura sobre fisiopatología del golpe de calor considera relevantes (Bruchim et al., 2017). No están cuantificados en el estudio anterior, así que aparecen aquí como factores a tener en cuenta, no como riesgos medidos.

Y un grupo en el que pedimos prudencia por criterio profesional: los cachorros. No tenemos aquí evidencia específica que nos permita afirmar más que eso, así que lo dejamos donde corresponde: un grupo en el que individualizamos y vamos con más margen.

Prevención

Cómo evitarlo cuando sales con él

No existe una temperatura universal por encima de la cual no se puede pasear. Esto no es prudencia mal entendida: es que la evidencia disponible no establece ese umbral. Lo que determina el riesgo es la combinación de perro + entorno + actividad: el perro concreto que tienes delante, las condiciones del sitio y la hora, y lo que vais a hacer y durante cuánto tiempo.

Perro

el perro concreto que tienes delante

+
Entorno

las condiciones del sitio y la hora

+
Actividad

lo que vais a hacer y durante cuánto tiempo

Es exactamente el mismo razonamiento que aplicamos al revés cuando llega el invierno: no hay un número, hay un perro y unas condiciones.

Así que en lugar de un umbral, una lista de decisiones:

  • Mueve la hora. Desplazar la actividad a las horas más frescas puede reducir la exposición, pero el horario por sí solo no convierte una salida en segura.
  • Elige el recorrido por su sombra y su agua, no por su paisaje. Un itinerario con río, arroyo o zonas de baño ayuda a gestionar el riesgo; no lo elimina ni garantiza que la salida sea segura. Si estás decidiendo dónde ir, aquí tienes por dónde empezar.
  • Lleva agua suficiente para tu perro, aparte de la tuya, y ofrécesela sin esperar a que la pida.
  • Baja la intensidad antes de bajar la distancia. Menos pelota, menos carrera, menos juego con otros perros.
  • Haz pausas a la sombra de forma programada, no cuando el perro ya se está quedando atrás.
  • Vigila el suelo por el que vais a caminar, que es un problema distinto y tiene su propio apartado más abajo.
  • Y la decisión más importante: no salir. Si las condiciones no dan, se cambia el plan.
Dos problemas distintos

Asfalto y almohadillas: un riesgo diferente

Conviene no meter las dos cosas en el mismo saco, porque se confunden constantemente.

Quemadura en las almohadillas

≠

Golpe de calor

Una quemadura en las almohadillas no es un golpe de calor. Es una lesión local por contacto con una superficie caliente: asfalto, hormigón, arena, roca al sol, arena de playa. Duele, se infecta, cojea y necesita atención, pero es un problema de piel y tejido, no un fallo sistémico de termorregulación.

Pueden coexistir, y de hecho comparten escenario: un paseo por asfalto al sol a mediodía puede producir las dos cosas a la vez. Pero son problemas diferentes, con señales diferentes y con manejo diferente. Enfriar el cuerpo de un perro no cura una almohadilla quemada, y una almohadilla intacta no descarta que haya golpe de calor.

Cómo comprobarlo antes de que lo comprueben sus patas. La llamada regla de los cinco segundos —si no puedes mantener la mano apoyada en el suelo cinco segundos, no lo pises con él— es una comprobación práctica prudente, no una prueba veterinaria validada. Úsala como lo que es: un gesto de sentido común que te obliga a tocar el suelo antes de decidir la ruta.

No vas a encontrar aquí cifras de temperatura de superficie del asfalto, porque las que circulan habitualmente no hemos conseguido verificarlas en fuente primaria. Preferimos que toques el suelo a darte un número que no podemos sostener.

Criterio Dog Adventure

🐾 Cómo lo gestionamos en Dog Adventure

Esto no es teoría veterinaria, es cómo trabajamos nosotros con calor:

  • Adelantamos las rutas. Lo primero que se mueve es el horario, no la distancia. Y cuando hace calor, programamos rutas nocturnas.
  • Si no es viable, se cancela. Sin darle más vueltas.
  • Durante una ola de calor no hacemos rutas. No se buscan alternativas creativas: no se hacen.
  • Cada participante lleva el agua de su perro. No se reparte ni se improvisa.
  • Buscamos recorridos con río o zonas de agua y con sombra real. Es un criterio de selección de ruta, no un extra.
  • Paramos y acortamos sobre la marcha si el grupo o algún perro concreto lo necesita.
  • Vamos mirando señales de agotamiento durante toda la actividad, no solo al principio.
  • En kayak y paddle salimos temprano y montamos carpa de sombra en la zona de base. Son actividades en entorno acuático: muchos perros se bañan de forma repetida durante la sesión, y a un perro que no es acuático o que no entra al agua voluntariamente lo refrescamos mojándolo nosotros. Cuando corresponde, usamos chaleco refrigerante. Todo esto es prevención y manejo durante la actividad, no el tratamiento de un golpe de calor: si hubiera un episodio, se actúa como se explica al principio de esta guía y se va al veterinario.
  • Podemos excluir a un perro de una actividad concreta si consideramos que el riesgo es mayor para él ese día, y lo valoramos caso a caso. Lo mismo con cachorros: prudencia individualizada.

Porque cada perro es un mundo. El mismo día de agosto, el mismo recorrido y la misma hora no significan lo mismo para un pastor de cuatro años acostumbrado a salir que para un bulldog de nueve o para un cachorro de cinco meses. Nuestra decisión se toma perro a perro.

Grupo de participantes de Dog Adventure dentro del agua de un embalse con sus perros, varios sobre tablas hinchables y con chaleco, en un día despejado de verano.
Mediciones

El coche: lo que dicen las mediciones

Sigue siendo un escenario a tener presente, con datos medidos. En un ensayo del RACC junto al TCS y EMPA (2015), partiendo de 25 °C exteriores el interior del vehículo alcanzó 40 °C a los 42 minutos; partiendo de 35 °C, rondó los 55 °C en una hora. El salpicadero llegó a 72,8 °C. Dejar las ventanillas abiertas 3 cm supuso una diferencia de apenas 2 °C a los 30 minutos. Un parasol bajó el interior 11 °C, y un techo negro alcanzó 80 °C frente a 63 °C en uno blanco.

Traducción práctica: la ventanilla entreabierta no es una solución, y la sombra y el color ayudan pero no resuelven. Con calor, el perro no se queda en el coche.

Dudas frecuentes

Preguntas frecuentes

¿A partir de cuántos grados no debo sacar a mi perro?+

No hay un número válido para todos los perros. La evidencia disponible no establece un umbral universal de temperatura para pasear. El riesgo depende de la combinación de perro, entorno y actividad: el perro concreto, las condiciones del sitio y la hora, y qué vais a hacer y durante cuánto tiempo.

¿Puedo mojar a mi perro con agua muy fría?+

La prohibición absoluta del agua fría no se sostiene con la evidencia disponible: en un estudio con perros de canicross enfriados con agua de entre 0,1 y 15 °C no se registró hipotermia ni efectos adversos. Eso sí, eran perros deportivos sanos con hipertermia después de ejercicio, no perros con un golpe de calor grave. Y una cosa distinta es la inmersión, que no debe plantearse de forma indiscriminada y desde luego no en un perro inconsciente, convulsionando, colapsado o con la vía aérea comprometida.

¿Sirve envolverlo en una toalla mojada?+

Las toallas mojadas fueron el método más usado en el estudio de 856 casos (51,31 %), pero ese trabajo describió qué se hizo sin comparar la eficacia de unos métodos frente a otros. Lo que sabemos: no hay evidencia de que sean perjudiciales. Lo que no sabemos: si son mejores o peores que las demás opciones, ni cuál es la forma correcta de usarlas. Con esa información no se puede prescribir una técnica.

¿Cuánto tiempo tengo que enfriarlo antes de salir hacia el veterinario?+

No se trata de enfriar primero y salir después: se empieza a enfriar de inmediato y se sigue enfriando durante el traslado, mientras avisas a la clínica. Y hay un detalle que ayuda a no desanimarse: en el estudio con perros de canicross con hipertermia postejercicio, en el 24,4 % de los perfiles la temperatura siguió aumentando durante los primeros cinco minutos después de detener el ejercicio. Parar no significa necesariamente que la temperatura empiece a bajar de inmediato.

Se ha recuperado en diez minutos, ¿hace falta ir al veterinario?+

Sí. El diagnóstico no se apoya solo en la temperatura que tenga en ese momento, y en la literatura clínica se describen complicaciones —alteraciones de la coagulación, daño renal agudo, afectación neurológica— que pueden manifestarse horas después. Una mejoría aparente no descarta nada.

Mi perro es braquicéfalo, ¿no puede hacer rutas?+

No es una prohibición. En el estudio británico los braquicéfalos tuvieron más probabilidad de sufrir un golpe de calor tanto por ejercicio como por ambiente, lo que significa que su margen es más estrecho: hay que ajustar la hora, la intensidad, la duración y las paradas a ese perro en concreto, no al ritmo del grupo.

¿Es verdad que los golpes de calor pasan sobre todo en el coche?+

Es el escenario más conocido, pero no el más frecuente en los registros clínicos. En el estudio británico, de los 879 episodios en los que constaba un desencadenante, el 5,2 % estaba asociado a vehículos y el 74,2 % a ejercicio o actividad física. Es un dato de Reino Unido y solo de casos que llegaron a consulta veterinaria, pero desplaza el foco: lo que más aparece es el perro que se ha movido, no el perro aparcado.

Transparencia

Fuentes

Evidencia veterinaria revisada por pares

  • Hall, E. J., Carter, A. J., O’Neill, D. G. (2020). Incidence and risk factors for heat-related illness (heatstroke) in UK dogs under primary veterinary care in 2016. Animals, 10(8), 1324.
  • Hall, E. J., Carter, A. J., Chico, G., et al. (2023). Cooling methods used to manage heat-related illness in dogs presented to primary care veterinary practices during 2016–2018 in the UK. Veterinary Sciences, 10(7), 465.
  • Carter, A. J., Hall, E. J., et al. (2024). Cooling of dogs after exercise: field data on water immersion. Journal of Thermal Biology.
  • Bruchim, Y., Horowitz, M., Aroch, I. (2017). Pathophysiology of heatstroke in dogs — revisited. Temperature, 4(4), 356–370.

Mediciones sobre vehículos

  • RACC, en colaboración con TCS y EMPA (2015). Ensayo de temperaturas en el interior de vehículos expuestos al sol.

Salir con calor, bien planteado

Nada de lo que hay en esta guía va contra salir al campo con tu perro. Va contra salir sin mirar. La diferencia entre una ruta de verano que sale bien y una que acaba en urgencias suele estar en decisiones tomadas antes de arrancar el coche: la hora, el recorrido, el agua, la intensidad y la honestidad para cambiar el plan.

Si quieres que esa parte la lleve alguien que ya la tiene resuelta, esto es lo que hacemos en nuestras rutas de senderismo con perro: recorridos elegidos por sombra y agua, horarios ajustados a las condiciones reales del día y guías mirando a los perros durante todo el camino.

Rutas de senderismo con perro